~
 

l
 

n u s
 

 é t e r  

 

 

~ mensaje anacrónico de literatura ~

 

 

#2014

 


"Si queremos saber de un hombre, preguntamos "¿cuál es su historia, su historia real interior?", porque cada uno de nosotros es una biografía, una historia. Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros, a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones; y, en el mismo grado, nuestro discurso, nuestras narraciones habladas. Biológica, fisiológicamente, no somos distintos unos de otros, históricamente, como narraciones, somos todos únicos". Oliver Sacks

“La nuestra es una época esencialmente trágica; por eso nos negamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ha ocurrido. Nos encontramos entre ruinas, y empezamos a construir de nuevo, a tener de nuevo pequeños hábitos, pequeñas esperanzas. Esa una tarea ardua: ahora ya no hay un camino fácil hacia el futuro; tenemos que sortear o saltar por encima de los obstáculos. Tenemos que vivir, por muchos cielos que se hayan derrumbado”. David Herbert Lawrence

 


 

ÍNDICE

 

PROSA | Bonsái| Alejandro Zambra | | Carlutti y Pareja | Ricardo Strafacce |  
DEFINICIÓN |Tongo |

POEMAS | Jardín Japonés | José Watanabe | | Doppelgänger | Fabián Iriarte | | Dentro del espejo | Duda Machado |
GRaFiTi  

CUALQUIERA | Apodos y otras historias - Un género literario oral | Ricardo Zelarayán |  
SUSCRIPCIONES  

SUPLEMENTO CANCIONERO: LA RIMA | Humoradas en base a la rima | Daniel Liñares || Letristas, la escritura que se canta | Federico Merea-Alejandro Güerri |  

EQUIPO  

AGRADECIMIENTOS
CONTACTO | niusleter#niusleter.com.ar | 

Ñusleter 24hs


 

PROSA

 

Bonsái
I. BULTO

Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura:

La primera noche que durmieron juntos fue por accidente. Había examen de Sintaxis Española II, una materia que ninguno de los dos dominaba, pero como eran jóvenes y en teoría estaban dispuestos a todo, estaban dispuestos, incluso, a estudiar Sintaxis Española II, en casa de las mellizas Vergara. El grupo de estudio resultó bastante más numeroso de lo previsto: alguien puso música, pues dijo que acostumbraba estudiar con música, otro trajo un vodka, argumentando que le era difícil concentrarse sin vodka, y un tercero fue a comprar naranjas, porque le parecía insufrible el vodka sin jugo de naranjas. A las tres de la manana estaban perfectamente borrachos, de manera que decidieron irse a dormir. Aunque Julio hubiera preferido pasar la noche con alguna de las hermanas Vergara, se resignó con rapidez a compartir la pieza de servicio con Emilia.

A Julio no le gustaba que Emilia hiciera tantas preguntas en clase, y a Emilia le desagradaba que Julio aprobara los cursos a pesar de que casi no iba a la universidad, pero aquella noche ambos descubrieron las afinidades emotivas que con algo de voluntad cualquier pareja es capaz de descubrir. De más está decir que les fue pésimo en el examen. Una semana después, para el examen de segunda oportunidad, volvieron a estudiar con las Vergara y durmieron juntos de nuevo, aunque esta segunda vez no era necesario que compartieran pieza, ya que los padres de las mellizas habían viajado a Buenos Aires.

Poco antes de enredarse con Julio, Emilia había decidido que en adelante follaría, como los españoles, ya no haría el amor con nadie, ya no tiraría o se metería con alguien, ni mucho menos culearía o culiaría. Éste es un problema chileno, dijo Emilia, entonces, a Julio, con una soltura que sólo le nacía en la oscuridad, y en voz muy baja, desde luego: Éste es un problema de los chilenos jóvenes, somos demasiado jóvenes para hacer el amor, y en Chile si no haces el amor sólo puedes culear o culiar, pero a mí no me agradaría culiar o culear contigo, preferiría que folláramos, como en España.

Por entonces Emilia no conocía España. Años más tarde viviría en Madrid, ciudad donde follaría bastante, aunque ya no con Julio, sino, fundamentalmente, con Javier Martínez y con Ángel García Atienza y con Julián Alburquerque y hasta, pero sólo una vez, y un poco obligada, con Karolina Kopec, su amiga polaca. Esta noche, esta segunda noche, en cambio, Julio se transformó en el segundo compañero sexual de la vida de Emilia, en el, como con cierta hipocresía dicen las madres y las sicólogas, segundo hombre de Emilia, que a su vez pasó a ser la primera relación seria de Julio. Julio escabullía las relaciones serias, se escondía no de las mujeres sino de la seriedad, ya que sabía que la seriedad era tanto o más peligrosa que las mujeres. Julio sabía que estaba condenado a la seriedad, e intentaba, tercamente, torcer su destino serio, pasar el rato en la estoica espera de aquel espantoso e inevitable día en que la seriedad llegaría a instalarse para siempre en su vida.

[...]

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es poeta, narrador, docente y crítico literario. Tiene libros de poesía Bahía Inútil (1998), Mudanza (2003), de cuento Mis documentos (2013), de crítica y ensayo, Roberto Bolano: la escritura como tauromaquia (2002) y No leer (2012). Bonsái (2006) fue su primera novela; le siguieron La vida privada de los árboles (2007) y Formas de volver a casa (2011).

 

 

Carlutti y Pareja

 

-¡Roberto, Roberto!

El hombre avanzaba abriéndose paso con los codos desde el fondo del salón en dirección a la mesa tras la cual los panelistas que acababan de presentar la nueva novela de Roberto Pareja, y Pareja mismo, comenzaban a incorporarse. El escritor, que ya recibía felicitaciones y comentarios de ocasión, lo vio acercarse con recelo: había algo en el empeño con que el desconocido pugnaba por llegar a la mesa donde ahora él firmaba ejemplares que resultaba excesivo.

-¡Roberto, Roberto!

Pareja procuró relajarse pensando que probablemente se tratara de alguien que quería, precisamente, que él le firmara un ejemplar, pero la manera en que e! otro se deshacía de los obstáculos que lo apartaban de su objetivo (empujaba sin mayores disimulas a los que se interponían entre él y la mesa; seguramente era la sorpresa que su insólita conducta generaba lo que lo mantenía a salvo de que alguno de los empujados le propinara un coscorrón) asustaba.

Pareja procuró relajarse pensando que probablemente se tratara de alguien que quería, precisamente, que él le firmara un ejemplar, pero la manera en que e! otro se deshacía de los obstáculos que lo apartaban de su objetivo (empujaba sin mayores disimulas a los que se interponían entre él y la mesa; seguramente era la sorpresa que su insólita conducta generaba lo que lo mantenía a salvo de que alguno de los empujados le propinara un coscorrón) asustaba.

-¡Roberto, Roberto!

Ya estaba junto al novelista pero seguía gritando igual que antes. Pareja lo increpó:

-¡Roberto, Roberto! -remedó su entonación.-¿Qué pasa, viejo?

-Roberto Carlutti -se presentó el hombre con una sonrisa de esas que hacen doler la cara. -¡SU mejor admirador! -gritó otra vez.

-Si no parás con los gritos te hago echar -Pareja señaló al personal de seguridad.

-¡Ohhhhhh, Roberto ... ! -Carlutti seguía gritando, pero ahora en voz baja.

Ya porque en ese momento la atención de Pareja era requerida simultáneamente por varias personas a la vez, ya porque e! ambiente de la librería donde se acababa de presentar su libro era desordenado y ruidoso, ya, en fin, porque la persona de Carlutti era tan poco llamativa que resultaba difícil escuchado sin distraerse (tal vez debido a eso fuera tan afecto a gritar), los motivos por los que se le había acercado quedaron para e! novelista en la más completa ambigüedad, puesto que no le pidió firma para su ejemplar, no le llevó originales para leer ni, en general, le aclaró qué quería. Pareja supuso que pretendía hacerle una entrevista -por eso le dio su te!éfono- pero al mismo tiempo creyó entender que se trataba de una tesis universitaria o de un artículo destinado a alguna publicación académica. En uno u otro caso, lo cierto es que al ver que Carlutti buscaba la salida con un apuro tan desubicado como e! que había caracterizado su llegada y, otra vez, no dudaba en recurrir a empellones y codazos cada vez que alguien se interponía entre él y la puerta de la librería (bajo el brazo izquierdo llevaba su nuevo libro; en e! puño derecho apretaba el boleto de colectivo en cuyo dorso el escritor le acababa de anotar su número de teléfono), comprendió que había algo no del todo corriente en la relación que acababa de entablar. [...]


Ricardo Strafacce (Buenos Aires, 1958) es abogado y escritor. Publicó novelas -entre otras, El crimen de la Negra Reguera (1999), La boliviana (2008), La transformación de Rosendo (2009), Carlutti y Pareja (2010), Frío de Rusia (2013) y Gerardo y Mercedes (2013)-, poemas -Bula de lomo (2011), De los boludos no tenemos la culpa (2012)- y el estudio Osvaldo Lamborghini, una biografía (Mansalva 2008).

a Tope | 24hs


DEFINICIÓN

TONGO. Trampa, fullería cometida en las carreras de caballos (Creo, sin vanidad, que se llevaría el premio corriendo legalmente. Pero mejor es asegurarlo. He hecho lo mismo muchas veces, y siempre ha tenido éxito el tongo.) 2. Chasco, engaño que se hace a algunos (Así son también los chascos y tangos que se llevan las niñas con la elección de sus novios.). Es el casto tongo, trampa que hace un jugador en el juego de pelota, aceptando dinero para dejarse ganar.
Tonguear, cometer tongo. Tonguero, dícese del que comete tongo. Entongarse, asociarse con alguien para perpetrar un engaño o un fraude. Entongue, acto y efecto de entongarse (La única que sabía de mi entongue aunque jamás hizo alusión a ello).

Diccionario de términos criollos, Buenos Aires, 1972.
  


 

POEMAS

 

Jardín Japonés

La piedra

entra la blanca arena rastrillada

no fue traída por la violenta naturaleza.

Fue escogida por el espíritu
de un hombre callado
y colocada,

no en el centro del jardín,

sino desplazada hacia el Este

también por su espíritu.

 

No más alta que tu rodilla,

la piedra te pide silencio. Hay tanto ruido

de palabras gesticulantes y arrogantes

que pugnan por representar

sin majestad

las equivocaciones del mundo.

 

Tú mira la piedra y aprende: ella,

con humildad y discreción,
en la luz flotante de la tarde,

representa

una montaña.

 

 

José Watanabe nació en Trujillo, Perú en 1945, hijo de una criolla y un japonés. Publicó los poemarios Álbum de familia (1971), El huso de la palabra (1989), Historia natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), Habitó entre nosotros (2002), La piedra alada (2005), Banderas detrás de la niebla (2006). También escribió una versión libre de la tragedia de Sófocles, Antígona (2000), cuento para ninos y guiones de ficción y documentales. Murió en Lima en 2007. 

 

Doppelgänger

Dentro de mí
alguien se ha perdido de amor
buscando la salida. Pero no le conviene
hallar la puerta.

Afuera de mí
estoy yo, alguien en la madrugada que bosteza,
lleno de deseo. Pero carente de esperanza,
tratando de hallar la puerta.

 

Fabián O. Iriarte (Laprida, 1963) es docente, ensayista y traductor. Publicó, entre otros, guaridas de huir del mundo (2000), la intemperie sin fin (2001), doble sentido (selección de poemas traducidos al inglés por D. Smith, 2002), con sutiles artimañas (2005), devoción por el azar (2010), cuentas por saldar (2010), Las confesiones (2012) y La Caja P (2012).

 


qué suena más alto


¿qué suena más alto,
el vuelo o el canto
del pájaro?

 

Dentro del espejo

dentro del espejo
ya no nos vemos

a su alrededor, cada objeto imprime
una velocidad indefinible

y ya no importa la distancia
la misma nitidez alcanza
lo que está cerca
lo que es remoto

así persiste
hasta que una fatiga
desdobla y disipa
cada cosa

como un acorde
un desmentido
una propulsión
un vacío

rumbo a una
nada extraordinaria

 

Duda Machado (Salvador de Bahía, 1944) es el seudónimo del poeta Carlos Eduardo Lima Machado. Traductor y profesor de literatura, publicó los siguientes libros: Zil (1977); Poemas com historias, bichos & más compañía (poemas narrativos para niños, 1997); Margen de una ola (1997).

a Tope | 24hs


 GRaFiTi 

 

"La humildad es sinónimo de grandeza"
En Ayolas 400, Villa Fiorito, Pcia. de Buenos Aires. Mandado por Fernando Aíta.


"Jugarse el corazón, perder la cordura"
En Vuelta de Obligado 4800, Núñez. Mandado por Clara Bellocq.

 

"Lo que pasa es que no sabemos ni que pasa"
En la Estación Núñez, Buenos Aires, Argentina. Mandado por Bárbara Inés.

 

"Todo lo que poseas te querrá dominar"

En Rawson 2000, Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. Mandado por Bárbara Inés.

 

La novela de Ariel en una plazoleta de Solano

Se viene el libro de Escritos en la calle


CUALQUIERA

Apodos y otras historias
Un género literario oral

Metáforas que nos imponen los otros y que ponen a prueba nuestra identidad, mortales a veces para el superyó. Metáforas ingeniosas, simpáticas, sarcásticas, muchas veces crueles, que aniquilan toda solemnidad, los apodos constituyen sin duda una de las zonas más interesantes y menos explo radas de la creación popular.

Tratándose de una creación colectiva y anónima plenamente vigente, que goza de tan buena salud a lo largo y lo ancho de todo el país, llama la atención el desinterés por este verdadero género literario oral por parte de sesudos teóricos y especialistas en cultura nacional, más interesados, parece, en hacer revivir solemne y nostálgicamente esquemas o estereotipos perimidos para tratar de imponerlos luego autoritariamente.

Sobrenombres y alias

Conviene primero separar a los apodos de su parentela: los sobrenombres por un lado, puestos o adoptados por la fa-
mila, y, en el otro extremo, los temidos alias que entran en la órbita policial. Los apodos ocupan una franja intermedia entre
unos y otros.

Por otra parte, para que crezcan están los ámbitos reducidos: los pueblos o los barrios, los lugares de trabajo o los círculos de amistades o enemistades. Es decir, allí donde la gente se ve o se habla con frecuencia.

Pero cuando los apodos superan los límites de los ámbitos pequeños pueden tomarse perturbadores. Recordemos un político llamado Sal que no pudo llegar muy lejos desde que lo apodaron Salmuera, Y otro dirigente cuyo apellido verdadero, Uña, pasó a convertirse en apodo para acusarlo injustamente de rapacidad. "Por ahí anduvo la Uña", decían, por ejemplo.

Y si los apodos avanzan aún más en la vida pública, no diremos que puedan voltear un gobierno ... pero ayudar, ayudan. ¿Quién no se acuerda de El Peludo, de la Tortuga o del aún vigente Gorila, aplicado a un grupo? En cambio, Jangada (montón de troncos a la deriva), aplicado a un régimen militar solo sirvió para reírse un rato y nada más.

Lo que diremos ahora no es para reírse. Todo lo contrario. Poco antes de su infame asesinato, el entonces obispo de La Rioja, monseñor Angelelli, tan venerado por su grey y por los pobres, fue siniestramente apodado por lo bajo: "Satanelli".

Las variantes

Tarea para otro momento, por lo ardua y extensa, sería clasificar o catalogar los apodos. Por lo general hay en ellos referencias a animales o a cosas: Bicho canasto (personaje solitario e introvertido); Cabeza de rodilla (calvo); Letrero luminoso (hombre con tics faciales); Pata de catre (rengo); Chiflido de ánima (flaco); Mate tapado (hombre de rostro sumido), y también otras especies; Barullo (hombre con ideas confusas); El que te dije; Tarzán (aplicado a un tisiólogo porque anda en los troncos), etcétera.

Y
están los apodos directos que llaman la atención por sí mismos: Cara de yilé, Zocotroco, Taco'e billar o algunos laudatorios o no, que afirman por la negativa: El mudo (aplicado afectuosamente a Carlos Gardel) o Pichón de dinosaurio (puesto a un hombre muy alto y fornido). Desde luego, algunos requieren conocimiento del personaje y otros tienen un argumento, por lo que requieren explicación.
Hay quienes tuvieron un apodo, pero lo perdieron con el tiempo, y quienes recibieron varios en distintas etapas de la vida. Lo difícil es sacárselo de encima. Los nombres y apellidos que desmerecen a quienes los llevan pueden cambiarse judicialmente. Recordamos un oficial del ejército a quien un juez cambió el nombre Ito. ¿Cómo podía llamarse Ito Juárez un capitán, un coronel o un general? Pero no hay justicia que pueda suprimir o cambiar un apodo y sería imposible un juicio por calumnias contra sus anónimos autores.

Una secreta ley

Conforme con la ley secreta de la creación oral, colectiva y anónima, el apodo que prende resulta de un arduo proceso que opera a gran velocidad, luego de varias propuestas, intentos y correcciones. Aunque el ignoto autor haya sido una sola persona (seguro que no reclamará el pago de sus derechos como tal), el flamante apodo no podrá transmitirse sin el consenso unánime de los emisores que, como en el caso de la copla, el chiste oral y los estribillos de las manifestaciones, podrán a su vez mejorarlo, acortarlo o apocoparlo, como ocurre con los apodos largos con el paso del tiempo.

Las usinas de apodos parecen más activas entre los sectores de bajos ingresos, entre los que difícilmente frecuentan la literatura escrita y entonces tienen que hacerla ellos oralmente. Algo notable: por lo que hemos visto, la mujer casi no participa en la elaboración del apodo, pero actúa como emisora.

Siendo imposible meterse en honduras en tan breve espacio, nos daríamos por satisfechos con esta pequeña introducción al tema si alguien recoge el guante y lo estudia en profundidad. ¿Por qué no los antropólogos, los sociólogos, los lingüistas e incluso los psicoanalistas, lacanizados o no? ¿O es que están esperando que lleguen estudios en lenguas foráneas para ponerse en movimiento? Que sepamos, Horacio G. Rava es el único que ha dedicado un volumen a este género literario oral (Los sobrenombres santiagueños, Ediciones Tarco, Tucumán, 1972).

Y pasando a la primera persona del singular, la más apoDada, confieso que me estoy saliendo de la vaina para citar apodos ingeniosos de todo tipo recogidos a lo largo de una vida larga y de otras vidas más largas aún. Y si encima pidiéramos colaboración a los lectores, bueno, no nos alcanzaría este suplemento, ni siquiera el diario entero.

Por último, pegado como siempre a la literatura escrita, sólo puedo ofrecer como mera ilustración, algunas de mis historias reales de apodos. Reales hasta donde se puede ... ya que, aparte la memoria infiel, todo lo que se cuenta o escribe sobre lo real pasa a ser solamente verosímil.


Historias de apodos

Don Vuelta
Ya había un don José en la mitad de cuadra cuando otro don José se mudó a la vuelta de la esquina y, para diferenciado del primero, comenzaron a llamado don José de la Vuelta de la Esquina. Con el tiempo lo llamaron don Vuelta de la Esquina y más tarde, muy simple y respetuosamente, Don Vuelta.

Las Mellizas
Como se escaparan juntas una misma noche, las dos hermanitas ausentes recibieron el apodo de Las Mellizas. No se sabe si alguna vez se enteraron de eso porque nunca más se supo de ellas. ¿Y la familia que se quedó en el pueblo? "Ahí viene el padre de Las Mellizas"; "¿No lo han visto al hermano de Las Mellizas?", siguen diciendo.

La Rosa de Serafín
Cuando murió don Serafín, a Rosa, la viuda, la siguieron llamando "la Rosa de Serafín". Volvió a casarse y el nuevo marido no dio importancia en un principio a la persistencia del apodo de su mujer, hasta que un buen día comenzó a inquietarse y corregir: "Llámenla por lo menos la Rosa de don Leonardo ... " No hubo caso, y hasta su muerte (¿la de él?, ¿la de ella?) fue su desesperación ese apodo tierno y pertinaz como un tatuaje imborrable.

Vizcacha
Juancito no era exactamente bizco, pero en el barrio le pusieron Vizcacha y el chico sufría horrores. Sus hermanos luchaban bravamente a su vez para sacarse de encima los motes de Abrojo y Serrucho que les habían endilgado, y los tres, para que sus respectivos apodos no se supieran en la casa.
Juancito, que era arisco, empezó a hacerse sumiso con sus padres por temor de que su apodo trascendiera y fuera usado también por sus mayores. Pero un día no pudo con el genio e hizo un desparramo durante el almuerzo. "¡Vizcacha!", tronó la madre. "¡¡Vizcacha!!", gritaron a coro sus hermanitos.

Corte y Quebrada
Así lo llamaban por un defecto físico que lo hacia ladearse y arrastrar una pierna al caminar. Menos mal que el Ernestito pronto sacó partido de eso bailando el tango como nadie.

Mantel de Fonda
Nunca le hizo gracia el mote que le tocó en suerte, que aludía a las manchas moradas de su cara, hasta que tuvo que dejar su pueblo para radicarse en el Chaco. Y allá, al rato nomás comenzó a extrañar su apodo. Al año, don Justo no se podía quejar. Le iba mejor que en su pueblo, pero él mismo insinuaba: "Mire, don, en mis pagos me decían Mantelito, ¿sabe?, Mantelito 'e Fonda ... ", tratando así de mejorar, de paso, su apodo perdido por si prendía. Nada que hacer.

Ya era un vecino respetable, un vecino caracterizado, como se suele decir. Lo tenía todo, pero...
Al final, alguien le puso sin ganas "Charata", por la forma de caminar que adquirió con los kilos y con los años, pero la cosa no prosperó.


Ricardo Zelarayán nació en Entre Ríos en 1940, aunque se considera también salteño y tucumano, y murió en Buenos Aires en 2010. Publicó, entre otros: La obsesión del espacio (1972), Traveseando (1984, cuentos infantiles), La piel de caballo (1986, novela) y Roña criolla (1990, poemas). Este artículo está en Lata peinada (2008), una novela que incluye otros textos al final. Algo más de su obra en: #59 y Tres poemas


 SUSCRIPCIONES 

 

¿Quiere sorprenderse con los mensajes esporádicos de Ñusléter? 

 

Si desea recibirlos, envíenos un mensaje con asunto "Yo También Quiero" a niusleter@niusleter.com.ar  

a Tope | 24hs


SUPLEMENTO CANCIONERO: LA RIMA

Humoradas en base a la rima

La rima está muy ligada a la imaginación, en tanto disparadora de asociaciones de ideas. En términos de Saussure, la rima -y toda parofonía- habilita relaciones asociativas. La rima sugiere desde lo fónico conexiones en el plano semántico, asociaciones de ideas, en fin, relaciones asociativas. En tal sentido, la rima es ampliamente explotada en las canciones chuscas populares, por su poder sugestivo de anticipación. Este poder de anticipación tiene que ver con la Teoría de la Gestaldt, y, por otra parte, son momentos en los que quien escucha más puede acercarse a la sensación de lo que es improvisar una canción:

Pican, pican *lós mosquitos
*cón bastante disimulo,
*únos pican en la cara
y otros pican en el...

Cuando yo era *chíquitíto,
*mé mandaron a la guerra.
Nos dijeron: "Cuerpo a tierra",
pero había mucha...

Mi *hérmaníto toca el piano [...][1]

Esta poesía en particular juega con la posibilidad del lector de anticipación a la rima, que sin embargo es luego evitada por un anacoluto y el inmediato inicio de la estrofa siguiente con una palabra cuyos fonemas iniciales son idénticos a los de la palabra sugerida. Algo similar ocurre en las coplas del Payador Gabino, personaje interpretado por Berugo Carámbula en Hiperhumor, programa de humor televisivo de la década de los '80. La escena presentaba dos gauchos en una escenografía precaria, un árbol de cartón pintado daba idea de la Pampa. Uno de los gauchos (Enrique Almada) cebaba mate; a su lado, el otro gaucho, el Payador Gabino (Berugo). guitarra en mano, oficiaba de payador. El hecho artístico radicaba en que, indefectiblemente, sus coplas siempre se veían interrumpidas cuando el companero cebador de mate, advertido por la rima, le tapaba la boca con la mano al payador para evitar que diga la palabra tabú que la posibilidad de rima había anunciado. La rima queda irrealizada en lo discursivo, no se dice, queda no dicha. Sin embargo, habiendo ya aparecido en el contexto previo los dos morfemas que conformarían la palabra pajero, sí queda sugerida, queda dicha en nuestras mentes -se trataría de una reiteración de morfemas sugerida por inducción, la rima es inductiva:

Al gaucho que cría ovejas
lo llaman "el ovejero".
Al gaucho que cría ovejas
lo llaman "*el ovejero".
Y al que arma fardos de paja
todos le dicen p...[2]

También Sabina en una de sus composiciones juega con la anticipación que el lector pudiera hacer de la asociación de ideas a la que la rima invita. Experto en rimas consonantes, Sabina ironiza al respecto de este recurso al invitar a los lectores, mediante una interrogación, en el último de los versos citados a continuación, a anticiparse a la rima y a la asociación de ideas en políptoton[3]:

Mi primera mujer era una harpía,
pero, muchacho,
el punto del gazpacho,
¡joder si lo tenía!
Se llamaba... digamos que Sofía.
[...]
Mi segunda mujer era una bruja,
y yo, tan mamarracho que besaba
el suelo que pisaba.
Se llamaba... digamos que Maruja.
[...]
Mi tercera mujer era, senores,
de todos los amores que he tenido
el que más me ha dolido.
¿Adivinan? Se llamaba Dolores.[4]


Es precisamente este poder de anticipación, este carácter premonitorio que tiene la rima, el que le confiere suma importancia como herramienta memotécnica, puesto que el primer término arroja luz sobre el segundo[5]. De ahí la importancia de las reiteraciones de fonemas en general, constituyéndose la canción en torno a ellas como todo un sistema mnemónico, un complejo memorístico de ideas, o un complejo de ideas memoriales.
En la canción de Arjona:

Dime *qué no:
Me tendrás pensando todo el día en ti,
planeando la estrategia para un sí.[6]

la estrategia para ese resulta ser, en el contexto de la canción, precisamente, la rima: la estrategia para un es componer una canción en la que esa palabra, , encuentre una palabra -ti en este caso- que le brinde posibilidad de rima, e incluso que la reclame por la rítmica del contexto precedente, además de que, en este caso particular, también entra en juego la oposición a ese no a final del primer verso[7].


[1] Canción popular de autor desconocido, de tradición oral. La letra de esta canción se da con variaciones regionales cuyo estudio podría resultar sumamente interesante.
[2] El Payador Gabino, (Berugo Carámbula), en Hiperhumor, Buenos Aires, Canal 9, 1984 (frag.).
[3] Cf. pág. xx.
[4] Joaquín Sabina, (J. Sabina/A. Oliver), en 19 días y 500 noches, Buenos Aires, BMG/Ariola, 1999 (frag.).
[5] La canción de María Elena Walsh, juega también con este carácter premonitorio de las rima, cf. pág xx.
[6] Ricardo Arjona, , en Sin danos a terceros, México D. F., Columbia, 1998 (frag.).
[7] La oposición es uno de los modos más primales de asociación de ideas, nos merecerá un tratamiento particular; cf. pág. xx.


Fragmento de Palabras aladas: Una poética de la oralidad (en preparación), por Daniel Linares (Hudson, 1975).

 

 

LETRISTAS, LA ESCRITURA QUE SE CANTA

Cierta rima, cierta métrica
- Roberto Jacoby
La letra tiene un ritmo, el lenguaje oral tiene un ritmo, no podés hablar sin ritmo, está implícito, hay una situación silábica, hay una aguda, una grave, una esdrújula, tic-tac, hay acentos, es así, es con lo que te movés. Cuando vos decís, camino por La Plata, es ca-mi-no-por-la-pla-ta, tic-tic, no, cualquier cosa que digas. Entonces, es algo que vos tenés que contemplar, las acentuaciones, las rimas o no rimas, por supuesto que comparte muchas cosas con la poesía, pero es mucho más formal que la poesía, sobre todo que la poesía contemporánea. Tiene más que ver con la poesía versificada, porque necesitás imprescindiblemente que haya cierto nivel de rima y cierta métrica. No podés hacer un verso de 12 sílabas y el otro de 4. Si vas a armar una estrofa, tenés que tener una continuidad métrica, cosa que la poesía contemporánea no requiere nada de eso. Yo podría escribir una poesía que sea un texto continuo así y está todo bien. Las canciones tienen una forma rigurosa.

Yo armo rima - Pablo Lescano
He trabajado con otras personas que no le dan bola a la rima, y para mí si una canción no tiene rima, es una cargada. Hay canciones de otros artistas que por ahí no tienen rima, pero como la cantan a su manera y es su estilo y todo, pegan y son mucho más grosos que yo. No te voy a dar nombres pero es así.
Con Andrés Calamaro me pasó eso, ¿entendés? Si prestas atención, hay muchas frases que no le riman pero le pone unos acordes y otras intenciones que no hace falta que pegue, que rime. Yo no, yo armo rima:

Armo una rima
una negra en la tarima
ella mueve la tanga
y encima te desarma

Un consejo - José Curbelo
Yo busco formas originales con la rima. Hay un grupo básico, como hay en la conversación de un ser humano un grupo de palabras que se reiteran a diario. Hay lugares comunes, pero trato de seguir el consejo que me dio un viejo payador, que fue maestro mío y se llamaba Luis Alberto Martínez. Él me dijo: "cuando estés improvisando, tratá de que el público no adivine por la consonante qué es lo que vas a decir. Si no, no lo sorprendés". Si el tipo dice "narra", la gente está esperando "guitarra", entonces si metés otra cosa, mejor. El oído rápido te busca y dice "este va a decir guitarra", entonces es mejor que no. En el apuro, si hay que hacerlo se hace, no hay más remedio. A veces hay que buscar rimas más pensadas, que son travesuras, qué sé yo, se buscan muy difíciles, o muy poco usuales o que son circunstanciales. En México di una consonante para filma que, salvo esquilma, no debe tener muchas, pero andaba justo el huracán Vilma y lo metí ahí. Esos son como trucos, es lo que impresiona al público pero no es lo medular de la cosa. Lo medular es algún concepto que pueda quedar.

Una bodeguita - Dante Spinetta
Cuando rapeás, tenés un arsenal de palabras que terminan parecido porque tenés que rimar. Sabés que “hacha” pega con “bombacha” y empezás a jugar con eso. Está bueno porque tenés ciertos puntos que conectar y es interesante eso. Ya en tu cabeza tenés un stash de palabras, tenés una bodeguita, creo que cualquier escritor tiene eso, sus recursos, como el violero tiene sus yeites.


Rima y remates -Paz Martínez
Pongo mucha atención al trabajo con la rima por una sencilla y muy simple razón. Si vos tenés una canción con rima, es más fácil que quede en la memoria de la gente. Es más fácil para recordarla. No me vuelvo loco, pero trato de ser muy cuidadoso con el uso de la rima. Tampoco repito palabras.

Rima y estribillo - Javier Martínez
Le doy bastante importancia a la rima. No siempre pero generalmente sí. Una vez Fermín Chávez analizó que los letristas rockeros estábamos influenciados por la poesía gauchesca, por la cuarteta que rima la primera con la tercera y la segunda con la cuarta. Y sí, es verdad. Me sale sola la rima, automática, pero a veces escribo sin rima y suena bien también, pero son menos. Generalmente soy más de rimar. La rima ayuda mucho a la melodía, tiene mucho que ver con la canción. Por eso, generalmente en las letras de las canciones se usa la rima, porque cierra con la forma musical.

Letristas, la escritura que se canta es un libro de entrevistas con autores de canciones de música popular argentina, que será editado en 2015. Realizado por Federico Merea y Alejandro Güerri, el libro indaga en el oficio de escribir canciones.

a Tope | 24hs


EQUIPO 

 

Fernando Aíta
Alejandro Güerri

 


AGRADECIMIENTOS

A todas las personas que seguimos disfrutando el placer de leer y escribir, y a todas las que nos cruzamos en estos años, y compartimos eso y tanto más.

a Tope | 24hs


ÑUSLETER las 24 hs en:

http://www.niusleter.com.ar