F e r n a n d o
A í t a
~
Nihilismo mágico | Colado | Confesional
El maravilloso mundo de los videojuegos
Elecciones | Yemanjá
Dock Sud | Ey, tícher
Una fuerza sanadora | Cuatro
Aparición | Presteza
Prácticas ortivas
Cursos | Contenidos | Correcciones | Traducciones
Traducción: Satori en París, de Jack Kerouac
Comentarios, sugerencias, propuestas:
POEMAS
de "Lengua Extranjera"
Nihilismo mágico
Nada por aquí...
Nada por allá.
Colado
Las chicas parecen chicos
Los chicos, gays.
Todo muy bonito, pero nadie
se emociona ni afloja.
Las que comparten la chupaleta
lánguidas en el sillón, con sus
vestiditos y sus pelos raros,
¿por qué no me chupan ésta?
Confesional
Me siento
y transcriboEl maravilloso mundo de los videojuegos
Yubi, ¿alguna vez tuviste esa sensación
de que a cada nuevo paso pisabas tus huellas?
Eso es lo que llaman destino.
Melinka, la magia consiste en elegir,
entre todos los futuros, un mundo
donde lo que deseas
se haya hecho realidad.
Niños, todos los futuros
que pueden elegirse
se hallan en el presente.
Elecciones
No
fui a votar por amor.
Nos quedamos en la cama,
tarde abrimos los ojos a un día peronista:
soleado y poco propicio
para planes revolucionarios:
hacemos el amor sin eufemismos.
Volvemos a dormir.
La dueña de casa se prepara
una comida rica y austera
como el discurso del gobierno.
Me despierto con una manzana
delante de las narices:
nos tentamos otra vez
con el cariño y con la fuerza.
Se pasa la hora de la oposición
y las palabras dejan sus lugares
a gestos tiernos y suspiros:
sabemos lo que queremos
y está en nuestras manos.
Echados en el sillón
vemos fotos, conceptuales y realistas
al mismo tiempo: teatros vacíos,
retratos de estadistas, maquetas del museo
de ciencias naturales
–instantáneas de la imaginación
delante de los ojos.
No es fácil evadirse
de la actualidad, llegan las noticias
por todos los medios: la mamá,
el oficialismo cambió de género,
la segunda fuerza ganó capital,
lamenta la falta de transparencia,
cerraron las urnas.
Me falta un sello en el duplicado y confianza
en la representación. Nos damos un lujo:
atardecer espléndido, caminamos de la mano
entre afiches vencidos y charlas de turistas,
cucurucho y a la plaza.
Decidimos en diciembre ir al mar:
creamos algo, un futuro inmediato:
con las patas en el agua
mirar juntos
el horizonte.
Yemanjá
Ante todo, gracias
por este feriado con fiesta,
fuegos de artificio, bebidas, manjares,
por cocinar por siglos
estas piedras negras y esta arena rubia,
y por animar estas olas mansas.
Qué diosa coqueta, te halagan
las flores, los perfumes, las alhajas.
Te dejo una rosa roja, simbólica,
como la bikini de esa morena.
Lo único que pido es otro amor
para toda la vida.
POEMAS de Épica chusma
De mi primer libro, Épica chusma, Ediciones del Dock (colección "El pez plátano", abril de 2007). Se consigue en casi todas estas librerías y también lo podés ver completo en pdf con un diseño especial para imprimir o leer en pantalla.
Dock Sud
El
río parece un zanjón,
un
obstáculo que saltan los puentes.
No
tiene nombre, casi no corre,
pero
hay días que se desborda,
cubre
las calles y hace naufragar
los
muebles de las casas bajas.
En
las orillas crecen plantas negras,
grises,
plateadas, flores de humo
que
destilan un perfume de azufre
y
se tragan el aire de las noches.
Al
Norte del Sur hay un límite, un borde:
Dock
Sud, embebido de combustible,
de
sustancias misteriosas, clandestinas;
abundan
sirenas, alambrados, candados, carteles,
precaución,
peligro... Tan inflamable
que
en cualquier momento explota...
¿Ves
ese señor canoso de camisa marrón,
que
silba como un tiroteo y lleva esa caja pesada
hasta
la camioneta? Tiene los ojos grandes
como
un dibujito: se esfuerza en mirar
a
través de esta oscuridad. Es un mutante,
está
lleno... Mirá cómo se ríe lisérgico,
cómo
se divierten con la mujer de la parrilla...
¿Aquel
pibe con equipo de gimnasia
azul
y amarillo, que hace señas de paliza
al
diariero? Tiene el cuello largo
de
querer asomarse por el borde
de
este pozo. El otro es Saporiti,
el
cogote corto y gordo, lleno de gritos:
¿hace
cuánto que no va a la cancha?
¿Y la nenita que juega con el perro gris
en el cordón, y mira cómo la autopista
le pasa volando el barrio? La nariz chiquita
para respirar poco. El aire no es bueno,
se ponen barbijos de coca.
¿Viste que no hay muchos pájaros?
¿Ves
aquellos que se juegan la vida
en
el pool de la esquina?
Tuta,
Huevo, Quiquito, Mandarina.
No
paran de jugar al truco
de
las mil señas... Si te ven caminar
ya
saben a dónde vas, y a qué.
Hay que
estar en todas. Siempre despierto
para
que no te madruguen... Y ojo
cuando
mirás a la gente a los ojos.
Tenés
que ser auténtico. Acá
se le cae
la careta al mundo.
–¿Todo
bien, gente? –Por ahora.
Se
vive en presente; se sabe
que
el pasado es la otra vuelta.
La
noche hace obvio todo
lo
que el día pretende esconder.
Cuando
sale el sol, duele,
felizmente:
un día más es otro día.
Y
muy poco cambia todo.
Leído por el autor, video.
Ey,
tícher
Hello,
my name is
Fernando,
silence, please,
I
am the teacher,
no,
nací
acá en Avellaneda,
I’m
Argentine,
no
sé, no conozco, no fui,
studied,
particular, porqueeeh
sí,
me
gusta.
“el
imperio necesita voluntarios,
paga
el estado, yo
tiendo
puentes”
¿Qué
palabras conocen in English?
Shopin.
Yes,
¿cómo? La pley. Yes,
es
una marca. Supermán. Good,
Cíber.
Polís.
¿Qué más? Cartún. Ok.
Bueno,
please, busquen five, así, five
para
la próxima: cuando coman
miren
los paquetes,
cuando
miren los diarios, la TV...
Attention.
¿Qué? The end?
Bien,
seguimos,
no,
tomorrow no,
pasado,
bye bye,
no
se olviden las palabras.
Leído por Mariano Valcarce, video
Acá podés ver imágenes y otros videos de la presentación.
También está "Salud" en Ñusléter #177.
Y hay otro poema de la serie en el sitio Las afinidades electivas.
Una tarde de primavera nuestro pobre protagonista espera el colectivo, solo, frente a un puesto de diarios cerrado, en una avenida irrelevante de dos carriles largos de cruzar. Es un muchacho castaño, pálido, bastante corriente, que recién entró en la veintena, y si algo en él llama la atención es que parece escatimarle presencia al mundo. Lleva un poco de ansiedad y un silbido que resalta el grosor de sus labios. La vista negra se arrastra en torno a la botamanga de los jeans; los hombros tienden al mentón y el mentón al pecho. Con la frecuencia de un tic, de reojo echa un vistazo de desconfianza alrededor y de a ratos la mirada se frunce tratando de adivinar el horizonte. Los colectivos vienen embistiendo contra la barrera invisible del semáforo. El que él necesita enfila para el medio del asfalto y se disimula en la manada. Nuestro pobre protagonista levanta la señal clara e imperiosa de su brazo, pero la estampida lo ignora. Insulta entre dientes. Tendrá que volver a cantar o silbar otros diez minutos. Tal vez piensa en lo que dijo un amigo con mucha razón, en la letra de la música que no por casualidad resulta ser una epifanía de sus sentimientos, en las coincidencias; no es tan importante como que está, sin sospecharlo, en el umbral de una serie de sacrificios y delicias: a punto enamorarse de la mujer de su vida.
El colectivo viene. Una unidad con máquina detrás del chofer y puerta al fondo. Ni bien sube, pide su boleto y cuando mira cuál de los varios posibles será su asiento: en el tercero de dos, del lado de la ventanilla, ve directo en los ojos a la que será la mujer de su vida: lo siente en cuanto las miradas se enganchan en uno de esos instantes boquiabiertos sin palabras ni pensamientos. Las miradas se apartan con pudor, vuelven a encontrarse de refilón segundos después, y los párpados se cierran. A nuestro querido protagonista las mejillas se le encienden, le laten las sienes, el alboroto en la sangre lo entorpece y unas monedas se le caen. Al juntarlas se golpea la cabeza con la máquina y por poco termina en el suelo, pero se repone, consigue su boleto y, sin rastro de papelón alguno, imprevisiblemente aun para él, va resuelto y se sienta al lado de aquella hermosura. Acomoda las nalgas en el asiento con las piernas separadas pero sin invadirla, endereza los hombros, aclara la garganta, respira hondo, gira la cabeza —y las palabras le huyen…
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Cuatro
Nunca
se sabe cuán fiables pueden ser pero existen rumores de que Segovia mandó a
matar al brujo. El brujo había auscultado en silencio las líneas de la palma
ancha de Segovia. Después, lo había mirado a los ojos y le había dicho con
voz serena que intentarían matarlo tres veces. Y que moriría a manos de un
asesino.
Segovia
asintió; le creía, aunque no dejaba ver que se preocupara. Al contrario, se rió
para adentro, agarrándose la barriga, se peinó los bigotes con índice y
pulgar, hizo una broma sobre sus cuatro vidas, sobre cómo las iba a hacer
durar. Pero la verdad es que la inquietud lo carcomió desde entonces. Tenía
asumidos los peligros de su posición, salvo que ahora había una sensación de
inminencia.
Mandó reforzar la custodia, y comenzó a llevar una pistola él mismo. A las seis semanas, sin embargo, cuando el alerta se relajaba y había empezado a olvidarse, mientras recorría a caballo la estancia de un caudillo aliado, recibió la bala de un francotirador entre el hombro y el cuello. Cayó del caballo, que se encabritó cuando otra bala fallida alcanzó su lomo. En minutos, el francotirador fue capturado y sometido a un pelotón junto a los jefes de los custodios. Segovia pasó una semana convaleciente y meditabundo aunque sin desatender sus negocios.
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Aparición
Siempre
quise ver algo sobrenatural. Una ex novia mía vivió en una casa antigua con el
fantasma de su abuela que prendía y apagaba las luces y el equipo de audio en
medio de la noche y hacía crispar a la gata, que se encaramaba en armarios y
soltaba alaridos. Tuve una alumna particular de inglés que alquiló una casa en
la que las repisas se vaciaban delante de sus ojos y las porcelanas estallaban
contra el suelo y tuvo que llamar a un pai, un sacerdote o algo así para hacer
un exorcismo. Un amigo tuvo una charla serena con su padre muerto: se sentaron a
desayunar juntos. Y participé en decenas de rondas donde se contaban historias
de miedo y de asombro algo menos creíbles que las anteriores, donde tuve que
inventar para hacer mi aporte, pero no me sentía genuino y esa sensación debía
traslucirse en mis relatos. Envidiaba a las personas que de veras habían
presenciado lo inexplicable.
[...] Seguir leyendo.
Al final sos como el náufrago del cuento que abraza un salvavidas y toca,
ahogado de esperanzas, las playas de una isla inhóspita. Escupe agua, tose,
respira hondo. Da un grito de desahogo porque se alegra de hallarse a salvo en
la orilla, y entonces un vistazo revela: alrededor el desierto ondulante, la
arena en blanco y las rocas pulidas, un verde que gana espesor, la creciente
certeza de una soledad rotunda, la imaginación intranquila, y el paso del
tiempo amenaza con volverse el mayor peligro.
Hace sólo seis meses cumplías una rutina, te tomabas en serio una serie de irrelevancias y te contentabas con sentirte útil y poder pagar tu confort. Pero ahora... este charco que se dilata a tu alrededor desde los últimos dos meses. El ocio se te hace sufrimiento, y ya no pensás en un lujo gratuito y necesario. Demasiado tarde te diste cuenta de que no tenías oficio ni profesión. Gusto, talentos y la fidelidad al bienestar te permitieron ciertos avances, aunque sin el ímpetu del que corre tras la presa. Vivías en la holgura hasta la quiebra de tus empleadores, y aún te seducía el panorama de un año sabático con todos los gastos cubiertos. Así que te dedicaste con tanta pena como ansiedad a contemplar la ruina de la empresa.
Nada resultó tal lo previsto:
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También podés leer "Pen-friends" en Ñusléter #10
Durante
la década de los ’90 en Buenos Aires, a medida que la situación
económica se fue poniendo más y más difícil, comenzó a notarse en
pequeñas acciones de la vida cotidiana que nuestros vecinos de sociedad,
en vez de volverse más sensibles y solidarios, se pusieron más ortivas y
canutos.
A
continuación algunos ejemplos.
#1. Garrones
Históricamente,
el carnicero separaba los huesos inútiles de las reses, y se los regalaba a
alguna persona que se los mangueara, le cayera bien o quisiera seducir. Con los
sucesivos aumentos del valor de la carne, los huesos dejaron de ser una
“sobra” para transformarse en un “costo”, y ahora sobre
el mostrador ensangrentado puede verse la bolsita de “huesos para
perros” con su precio módico y mezquino.
#2. Cualquier verdura
Siguiendo
la lógica de su colega el carnicero, el
verdulero comenzó a cobrar el perejil y los ramilletes de verdurita que le dan
sabor y aroma a los guisos, las sopas, los pucheros, etc., y que solían ir de
regalo con la compra de otros ingredientes para esas delicias de bajo costo,
donde las moneditas hacen diferencia.
#3. En llanta
Además
de ser un medio de transporte digno, sano y no contaminante, la bicicleta es una
alternativa al encarecimiento del pasaje de colectivo. Alcanza con arrimarse a
los furgones de los trenes en las primeras horas de la mañana y las
últimas de la tarde para ver la cantidad de laburantes que van a trabajar
pedaleando. A la par, muchas estaciones de servicio (y gomerías) empezaron a
prohibir inflar las ruedas de las bicis con sus compresores; otras sugieren o
exijen el pago de cincuenta centavos por el servicio. Casi todas las
bicicleterías adhieren: si uno no necesita arreglos ni accesorios, el aire
tiene precio.
#4. Amargos
¿Será
por el tiempo que lleva hacer la gauchada? ¿Por el costo del gas? La
cuestión es que la mayoría de los bares, fondas, bufetes y bolichones cobran
un peso el agua caliente para matear, que encima muchas veces viene hervida y
quema la yerba y la lava a la tercer cebada.
Otro
ejemplo de bar, la punta del ovillo:
Hoy
en día, sobre todo con la explosión del mercado de celulares, todo el mundo es
más consciente del costo de una llamada, pero quince o veinte años
atrás, uno podía entrar a un bar y pedir prestado el teléfono. A partir de
los ’90 si bien 2 ó 3 minutos salen 20 centavos, la llamada se cobra un
peso. La situación comenzó a cambiar con la privatización de la telefonía.
Primero aumentó la tarifa y la consciencia del gasto. Después las
compañías cubrieron las zonas más rentables con teléfonos públicos.
Hoy la actitud canuta ya nos resulta lo más razonable. Si no, hacé la prueba
de pedir prestado un celular para hacer una llamada a ver quién te lo presta:
nadie tiene crédito.
¿Por
qué pasó todo esto?
[...] Seguir leyendo
Este texto fue leído y ampliado en la segunda edición de Ensayos en Vivo.
Lo que hice, hago y me gustaría seguir haciendo:
~ Planificación y coordinación de cursos, talleres y eventos de lectura y escritura.
~ Producción, organización y corrección de contenidos: sitios, ñusléteres, informes, notas, etc.
~ Traducciones de Inglés: textos literarios, científicos, comerciales, subtítulos y otros.
Podés ver más datos en mi CV.
TRADUCCIONES
Satori en París
1.
En
algún lugar durante mis diez días en París (y Bretaña) recibí una
iluminación de alguna clase que parece haberme cambiado otra vez, hacia lo que
supongo será mi patrón por otros siete años o más: en efecto, un satori:
la palabra japonesa para “súbita iluminación”, “súbito
despertar” o simplemente “patada en el ojo”. —Lo que
sea, algo pasó y en mis primeras ensoñaciones
después del viaje y estoy de vuelta en casa reagrupando todos los confusos y
ricos eventos de esos diez días, parece que el satori me fue dado por un
taxista llamado Raymond Ballet, otras veces pienso que puede haber sido mi miedo
paranoico en las calles neblinosas de Brest Bretaña a las 3 A.M., otras
veces pienso que fue Monsieur Casteljaloux y su secretaria deslumbrantemente
bella (una bretona con cabello negriazul, ojos verdes, dientes del frente
separados lo justo en labios comestibles, pulóver blanco de lana tejida, con
brazaletes de oro y perfume) o el mozo que me dijo “Paris
est pourri” (París está podrida) o la interpretación del Réquiem
de Mozart en la vieja iglesia de St. Germain de Prés con violinistas
regocijados que balancean los codos con alegría porque apareció tanta gente
distinguida para colmar los bancos y sillas especiales (y afuera hay neblina), o, en nombre del Cielo,
¿qué? ¿Las rectas
sendas de árboles de Touileries Gardens? ¿O el rugiente vaivén del
puente sobre el Sena en el auge de las vacaciones que crucé agarrándome de mi
sombrero sabiendo que no era el puente (el provisorio en Quai de Tuileries) sino
yo mismo que oscilaba por demasiado coñac y nervios y ningún dormir y el
jet de línea todo el camino desde Florida doce horas con ansiedades de
aeropuerto, o bares, o angustias, interviniendo?
Como
en un libro autobiográfico anterior aquí usaré mi nombre real, nombre
completo en este caso, Jean-Louis Lebris de Kérouac, porque esta historia es
acerca de mi búsqueda de este nombre en Francia, y no temo dar el nombre real
de Raymond Ballet al escrutinio público porque todo lo que tengo que decir de
él, en conexión con el hecho de que él puede ser la causa de mi satori en París,
es que fue cortés, amable, eficiente, noble, distante y muchas otras cosas y
principalmente sólo un taxista que me llevó al aeropuerto de Orly en mi camino
de regreso de Francia: y seguro que él no tendrá problemas por eso—Y
además probablemente nunca verá su nombre impreso porque hoy por hoy se
publican tantos libros en Norteamérica y en Francia que nadie tiene tiempo para
estar al día con todos, y si le dijeran que su nombre aparece en una
“novela” norteamericana probablemente nunca descubriría dónde
comprarla en París, si es traducida alguna vez, y si la encuentra, no lo
lastimará leer que él, Raymond Baillet, es un gran caballero y taxista que
resultó impresionar a un norteamericano durante un paseo tarifado al
aeropuerto.
Compris?
Jack Kerouac
Primer "capítulo" de esta "novela" de Kerouac, agotada en castellano.
Me llamo Fernando Aíta.
Nací en diciembre del '75, en Avellaneda. Ahí crecí y vivo.
Estudié Letras en la UBA y el Profesorado de Inglés en el "J. V. González".
Trabajo como traductor con empresas, profesionales y artistas, y produzco y corrijo contenidos para distintos medios.
También, doy clases de Inglés en una escuela de Dock Sud y en la UTN de Avellaneda.
Desde 2002, hago Ñusléter y coordino talleres literarios.
Lo primero que vi en libro fue la antología Poesía en Tierra (2005, Fondo de Cultura Económica), donde me publicaron cuatro poemas, por ser finalista del concurso organizado por el Centro Cultural de España de Buenos Aires.
En abril de 2007, al fin, salió mi primer libro Épica chusma (Ediciones del Dock). Acá podés ver dónde se consigue.
Acá hay imágenes y videos de la presentación.
Gracias por la visita.
Que estés muy bien,
Fernando
Comentarios, sugerencias, propuestas:
Malena, Sole, Alfredo y Lalo Aíta, Los MalLlevados, Darío Cánovas, Mariano Valcarce, Mauroliver, Gonzalo Cazas, Ensayos en Vivo, C. C. Pachamama, Nico Serruya, Familia Impoco, Mariano Fiszman, Carlos Ardohain, y muchas más personas que aportan buenas energías.
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